En el panorama de la poesía contemporánea en lengua española, la editorial y revista electrónica Círculo de Poesía ocupa un lugar singular, pues se trata de una revista que ha ido trazando una constelación propia, visible más allá de las fronteras mexicanas. Una constelación de voces donde convergen autores, tradiciones y geografías diversas. Desde su aparición en 2008, el proyecto ha entendido la poesía como un espacio de encuentro, circulación y diálogo, con la aspiración de ser contemporáneos de los poetas del mundo.
Su labor se sostiene sobre una reflexión crítica acerca del lugar de la lengua y sus múltiples modulaciones. Para Alí Calderón, uno de sus editores, el origen geográfico de los colaboradores no es un dato secundario, sino un principio organizador que implica una categoría crítica y un compromiso ético. Desde ahí, la idea de una poesía panhispánica se vuelve una manera de pensar el español como una multiplicidad viva: una lengua compartida por millones de hablantes y atravesada por diversas tradiciones, la mexicana, la chilena, la argentina, la española y muchas otras que no deben leerse como compartimentos aislados, sino como una red de intensidades que se enriquecen mutuamente.
A lo largo de sus años de existencia, Círculo de Poesía ha funcionado como un archivo en construcción. Como explica Mario Bojórquez, la revista ha desarrollado distintos modelos de trabajo: proyectos dedicados a regiones específicas, generaciones poéticas, movimientos estéticos o momentos históricos. Muchas de estas exploraciones han derivado en antologías y libros impresos, convirtiendo la publicación periódica en una forma de memoria y diálogo entre comunidades poéticas.
El recorrido estético del proyecto también ha sido una transformación constante. En sus primeros años existió una atención particular hacia la poesía del oficio, cercana a la idea de lo que Marjorie Perloff ha llamado el well crafted poem: una escritura consciente de la forma, la precisión y el ritmo. Sin embargo, esa orientación no permaneció fija. Con el tiempo y con la transformación misma de la práctica poética de sus editores, el horizonte se desplazó hacia zonas más abiertas, más cercanas al conceptualismo, al montaje documental y a formas híbridas donde el poema deja de ser una unidad cerrada para convertirse en un espacio de investigación. En esa evolución, la noción de libre utilización de los recursos poéticos se vuelve central. Hay poemas que dialogan con el canon, con los modelos prestigiosos del pasado, donde el saber hacer y el oficio constituyen su núcleo de sentido. Pero hay otros que se orientan hacia el futuro, hacia lo aún no estabilizado del lenguaje, buscando atravesar fronteras semióticas y expandir lo que puede ser dicho. En esa tensión no se trata de asumir posiciones, sino de interpretar el presente, de preguntarse qué es un poema en un momento histórico determinado y qué entendemos por lo poético actualmente. La tradición, así, no se hereda como un bloque intacto, sino que se reconstruye desde las exigencias del ahora, en diálogo con lo que Henri Meschonnic llamó el stock: ese conjunto vivo de formas, textos y posibilidades que una comunidad lectora reconoce como disponibles en su tiempo.
Asimismo, la traducción ocupa un lugar fundamental. En palabras de Mario Bojórquez, traducir poesía no significa únicamente trasladar un texto de una lengua a otra, sino establecer contacto entre tradiciones completas. Desde esta perspectiva, la revista ha impulsado proyectos dedicados a distintas literaturas del mundo: generaciones italianas, poesía rusa contemporánea, voces francesas, autores marcados por conflictos históricos y otras tradiciones que amplían el horizonte de la poesía en español. La traducción aparece como una forma de encuentro y una manera de desplazar las fronteras de la lectura. Esta intención se extiende también hacia las lenguas originarias con proyectos como Xochitlajtoli que es una recopilación de poemas escritos en distintas lenguas originarias de México y que fueron traducidos al español por sus propios autores. En estos trabajos, la diversidad lingüística no aparece como un obstáculo, sino como una fuente de riqueza estética y cultural.
La evolución de Círculo de Poesía coincide también con una transformación más amplia de la poesía contemporánea, esto es, el paso del poema entendido como representación hacia el poema como archivo, investigación y montaje de memoria. En esta línea aparecen escrituras que dialogan con la historia, la violencia y las formas de exclusión que atraviesan la experiencia latinoamericana. Un ejemplo fundamental es Memorial de Ayotzinapa de Mario Bojórquez, donde la poesía se convierte en una forma de memoria frente a la desaparición y el crimen de Estado. El poema deja de ser únicamente una construcción estética para convertirse también en una manera de interpretar la historia y dar lugar a las voces ausentes. En esta búsqueda se inscriben también autores vinculados Círculo de poesía como Álvaro Solís quien piensa la experiencia negada de la negritud en México, Mijail Lamas que explora la forma en que el capitalismo modela nuestras afectividades más íntimas, o el propio Alí Calderón, experimenta con el español del siglo XVI para mostrar la continuidad de la catástrofe histórica. Estas escrituras no solo reinterpretan la historia de América Latina, sino que ensayan nuevas formas de épica, donde la palabra se desplaza hacia la voz de las víctimas dentro de un paisaje necrohistórico atravesado por la violencia colonial y neoliberal. Sin embargo, es necesario señalar que este impulso no excluye la persistencia de las formas tradicionales.
En ese entramado, la revista reconoce también una serie de poetas cuya obra permite mirar las distintas direcciones de la poesía contemporánea en español, como la poesía de denuncia en Raúl Zurita (Chile, 1950), la “imaginación moral” en Luis García Montero (España, 1958), la dicción elevada y la búsqueda de lo sublime en Efraín Bartolomé (México, 1950), o la crítica radical a la tradición patriarcal en Carmen Ollé (Perú, 1947), cuya obra abre una genealogía de voces fundamentales como Piedad Bonnett, Rosabetty Muñoz o Raquel Lanseros, entre muchas otras que expanden el mapa de lo poético contemporáneo.
Al mismo tiempo, la revista ha mantenido una atención constante hacia las nuevas generaciones. La publicación de poetas jóvenes de distintos países revela una apuesta por escrituras que cuestionan los límites tradicionales del género y exploran nuevas relaciones entre identidad, historia y lenguaje. Voces como María Belén Milla, Elvis Guerra o Bileysi Reyes muestran una poesía que dialoga con la tradición al tiempo que la transforma a partir de nuevas preguntas.
El proyecto de Círculo de Poesía puede entenderse, entonces, como una tensión permanente entre memoria y renovación. No se trata de defender una sola estética, sino de observar cómo el poema cambia cuando cambia el mundo. La tradición aparece no como un monumento inmóvil, sino como un repertorio vivo que cada generación vuelve a interpretar y quizá ahí reside la fuerza de esta constelación: en comprender la poesía en español como un territorio de intercambio, donde conviven traducciones, herencias, rupturas y voces nuevas. Un espacio donde la escritura continúa reinventándose y donde cada poema participa de una conversación más amplia: la conversación de la poesía del mundo.
Indira Díaz
Alí Calderón
CARTA A LOS CORINTIOS
Soy poco, soy apenas
estos días azules,
esta legión de nadies
y este sol de la infancia,
vestigio de la ruina.
Hay campanas que quiebran el silencio
en los rebaños. Es Corinto.
Andamos por el pueblo, predicamos
la pálida esperanza, la rosa de los vientos.
Estamos solos. Nos borramos
en la memoria oculta de las cosas.
Sin rumbo solamente los perros se nos unen.
Qué más da si Daniela y todo lo demás está perdido.
Cae la noche en Éfeso.
¿No escribió desde allí el apóstol
que sería la angustia leve
y pasajera? Leo
en lo que me rodea
los signos del derrumbe.
Rebusco en los bolsillos. Nada:
heridas, golpes, llagas vivas,
palabras inconexas, los objetos
desligados por siempre de sus nombres.
No hay nada, hay la sospecha
de luces a lo lejos en el golfo,
signos acaso indiscernibles
que tenues, que tenebran, testimonian
una otra posible realidad
mas no vivida, ajena, inabordable
justo ahora que un cielo pasa
y bajo el tordo oscuro
desde su indiferencia nos miran los iconos.
MARGHERITA DEI CERCHI
Caminé de Gli Uffizi
auturno a la penumbra y cancro
de Santa Margarita en la Vía de Dante
El amargor del aire
calcifica y enreda en los alveolos
La tarde su paura
desciende espesa de los muros
Un algo cimitero acecha
El recuerdo del túnel
la ombra el silencio de los Apeninos
De pronto frente a mí
la tumba de Beatrice
En su lápida un hato violas
ostros pétalos hieden:
ese aroma impregnado entre los dedos
mi palma….su cabello deslazado
El correo fue escrito esa mañana
en otro continente y
qué tenue era la luz del cirio
Al preguntar por ella
quizá en Place des Abbesses
sentados en un borde viendo
salir y entrar al metro oscura gente
Luis me dijo que no que lo veía
como un caso perdido
Pasa una vespa y gritos más gritos un motor
Enviar mensaje enviado
Dudé mucho al escribir este mail
Se acostaba con otro
Una cruz de madera
que al tocarla se despostilla
Sotto questo altare
Folco Portinari
construi la tomba
di famiglia
L’8 giugno 1291
vi fu sepolta
Beatrice Portinari
Afuera los motores de las vespas
Gritos la gente que se increpa
Caga catzo putana
Dio Cane
Luis García Montero
POÉTICA
Hay momentos también en que dejamos
las palabras de amor y los silencios
para hablar de poesía.
Tú descansas la voz en el pasado
y recuerdas el título de un libro,
la historia de unos versos,
la noche juvenil de algunos cantautores,
la importancia que tienen
poetas y banderas en tu vida.
Yo te hablo de comas y mayúsculas,
de imágenes que sobran o que faltan,
de la necesidad de conseguir un ritmo
que sujete la historia,
igual que con las manos se sujetan
la humedad y los muros de un castillo de arena.
Y recuerdo también algunos versos
en noches donde comas y mayúsculas,
metáforas y ritmos,
calentaron mi casa,
me dieron compañía,
supieron convencerme
con tu mismo poder de seducción.
Ya sé que otros poetas
se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio,
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorcha de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.
Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenerte a ti
y con tener conciencia.
LA AUSENCIA ES UNA FORMA DEL INVIERNO
Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,
con ese mismo invierno que hiela las canciones
cuando la tarde cae en la radio de un coche,
como los telegramas, como la voz herida
que cruza los teléfonos nocturnos
igual que un faro cruza
por la melancolía de las barcas en tierra,
como las dudas y las certidumbres,
como mi silueta en la ventana,
así duele una noche,
con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,
con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,
pues todo se me olvida
si tengo que aprender a recordarte.
ASUNTOS FAMILIARES
Una historia de amor es un viajero
que se sienta en la mesa para hablar de la vida.
Sin duda tiene ganas estos días
de contarnos sus luces y sus sombras.
Sabe que la balanza de los años
está de nuestra parte
y recuerda la noche de la primera vez.
Aunque se vanagloria de su oficio,
a la segunda copa
no encontró demasiada resistencia.
Enumera ciudades, domicilios, hoteles,
abrazos y amistad,
cuevas donde guardó
el fuego que nos une a la existencia.
Aquel día impensable de hace ya tantos sueños,
aquellas citas sin mesura,
las decisiones, las costumbres
decentes o indecentes,
lo que vino después, lo que nunca se irá.
Todo lo va contando
con un orgullo de coleccionista.
Y cómo no...,
habla también de asuntos familiares.
Esta tarde de otoño pide que nos sentemos
para que tú descanses,
un alto en la glorieta de Bilbao.
Los ventanales del café reflejan
la caída serena de la luz.
Entran y salen caminantes
por la boca del metro,
vigilan en la calle los semáforos
con su verde y su rojo
y en el paso de cebra
un mendigo formula la pregunta
que ha esperado el viajero.
De forma descarnada, sin mentiras
ni argumentos inútiles,
nos habla de la vida que hay después de la muerte.
No quiere referirse al paraíso.
El juicio final para nosotros
es saber si es peor
la suerte del que muere o del que permanece
aquí sin más sentido que la nada.
Uno de los dos muertos debe seguir de pie.
Te beso mientras pasan en calma los silencios.
Nunca había previsto que me tocase a mí
cerrar la puerta, apagar la luz
cuando el reloj se agote,
cuando desaparezcan los aviones,
los barcos o los trenes
y este viajero amigo y desdichado
se quede sin oficio de viajar.
Me asusta su monólogo,
el eco despiadado de mi sombra.
Un año y tres meses (TusQuets, 2024)
Piedad Bonnett
LA MADRE ES LA GRAN NOCHE
Aquí el tiempo está atado con camisa de fuerza:
es viento sometido
que escribe el mismo nombre con tiza sobre un muro.
Todo es adentro aquí, en este gran vientre
lleno de hombres sin madre.
La madre es la gran noche. La madre es nuestro grito.
La madre es cada dosis de trifluoperazina
que llena de saliva nuestros labios.
Cuando acerco mi oído a las paredes
queriendo oír el llanto de los que aún me aman
sólo oigo mi chirrido. Mi oscura disonancia.
El corazón del miedo
cantando su monótona tonada.
DE TARDE EN TARDE
A mi madre le gusta ir a ese café de sobrias lámparas,
pedir galletas de vainilla,
tomar dos tazas de té negro con parsimonia
como un acto ceremonial.
Hoy la he traído, pues, cediendo al gesto filial mi tarde laboriosa.
Tras los enormes ventanales vemos correr la vida afuera
mientras hablamos de otros días
y la tibieza del lugar sugiere que la felicidad no es más que esto.
De repente
como recuperando las palabras de un sueño
ella dice: “Qué lástima que todo se termina”.
Lo dice con sonrisa liviana, pues sabe
que ser trascendental no conviene a la tarde.
(Mi madre cumplió setenta y cuatro años
y alguna vez fue bella).
Al fondo de las tazas el té pinta sus signos.
Yo no sé qué decir.
Miramos la avenida, las caras planas de los transeúntes,
los árboles que callan. Anochece.
ROSAS
Con el estiércol que arrojan a mi patio
abono yo mis rosas.
Aéreas en sus tallos, de la luz se alimentan
aunque lleven la muerte dormida en sus corolas.
Y su belleza, inútil como toda belleza,
sus espinas inocuas, hacen cerco
al corazón, guerrean
con la bestia que acecha en la tiniebla.
Tretas del débil, 2004
EL MUNDO ANCHO Y AJENO
Se trata de Sun Danyong, un joven chino.
Dicen que tenía veinticuatro años,
que ensamblaba piezas de aparatos electrónicos,
que vivía lejos de casa, en Hon Hai,
que trabajaba doce horas diarias, como todos sus compañeros,
que dormía en sus horas libres, como todos sus compañeros,
que entre ellos había un diálogo escaso
porque casi no se conocían.
Nadie sabe otra cosa,
salvo que saltó por la pequeña ventana de su cuarto de dos por dos,
y que es uno de los muchos que han saltado
en el último año.
Ah, sí. La noticia dice una cosa más:
que los empresarios de la fábrica
han puesto mallas en todas las ventanas
para evitar más suicidios.
Leo la noticia en Google, en mi computador portátil,
por donde puedo ver el mundo ancho y ajeno.
Explicaciones no pedidas, 2011
Mario Bojórquez
PROSAS DE MI TRANSIBERIANO
En ce temps-là j'étais en mon adolescence
J'avais à peine seize ans et je ne me souvenais déjà plus de mon enfance
J'étais à 16 000 lieues du lieu de ma naissance
J'étais à Moscou, dans la ville des mille et trois clochers et des sept gares
Et je n'avais pas assez des sept gares et des mille et trois tours
Car mon adolescence était si ardente et si folle
Que mon coeur tour à tour brûlait comme le temple d'Éphèse ou comme la Place Rouge de Moscou quand le soleil se couche.
Et mes yeux éclairaient des voies anciennes.
Et j'étais déjà si mauvais poète
Que je ne savais pas aller jusqu'au bout.
Blaise Cendrars
La Prose du Transsibérien et de la Petite Jehanne de France
VEMOS CAER LA NIEVE SOBRE EL ASFALTO
una blanca metralla en la cortina de madera
Vemos caer la nieve y el tiempo de nuestros corazones late
minutos alargados
De quién la sombra que desliza
sobre el pasto emblanquecido
que se quiebra
en hondas huellas
Ramas del árbol, hielo
que se sacude gordas gotas gélidas
suspiros que se evaporan
contra el vidrio velado
por un soplo frío
que desciende del cielo cruel
Palada tras palada
se abre un camino resbaladizo
de tierra y sal
En los percheros tiemblan los
gruesos abrigos
Junto a la estufa cordial
un pulso de sangre tibia
nos recuerda el ritmo de la
vida armoniosa
Cruje la madera pulida
bajo nuestros pies alegres
y las paredes delgadas
conservan el calor de
nuestros cuerpos
A dónde ir
entre la espesa niebla
sin el apretado vestido
de lana y pluma
Cómo, sin otra voluntad
que el encierro caliente
sopa hervida de nueces
café y golosinas
invitándonos a no salir
a respirar la cálida
pronunciación que el
invierno adquiere detrás
de las puertas
Con el sordo rugido de la
nieve contra los cristales
vemos pasar el tiempo
aterido de torpes movimientos
un reducido tiempo de
escaleras sin mar
Abismo de la nieve
que en su blancura
acecha sobre los patios
de las casas cubiertas
Nieve veloz que desciende
sobre los toldos de los
autos inmóviles
Cielo cristalizado
nube de polvo blanco
Materia de los sueños
atrapados en las tapias
de madera quebrada
en los herrajes enmohecidos
del agua sólida
El tiempo de la nieve
de horas dilatadas
Nieve y tiempo medidos
con relojes perezosos
sin maquinaria
avanzando lentamente
en la curva dispar
Tiempo y nieve distantes
bajo el tibio colchón
Tiempo de la nieve goteando
sobre los minutos airados
que se detienen en las largas
horas del día
Nieve del tiempo fija
sin acordes simétricos
Pretérita nieve del tiempo
cuajado
Golpe sin eco sobre
metales ácidos
Tiempo sin tiempo corre
a guarecerte en el rincón
del fuego
La nieve espesa rellenando los
huecos de las paredes turbias
sujetando el dibujo de los muros
contra el viento en vaivén
Nieve, nieve blanca, nieve pura
en las manos del niño sorprendido
Nieve clara, nieve líquida
proscrita nieve aturdida
Nieve santa, nieve brusca
solar del cielo y la nube
Nieve vacua, nieve sólida
La nieve dura contra los camellones
La nieve negra en las orillas del camino
La nieve vasta
La derretida nieve contra el sol
vuelta agua
La nieve en el rostro del que camina
con los ojos entornados
La nieve que se mete en las narices
como un bicho insaciable
Mediodía de la nieve en los campos desolados
su perfil tajado contra el arroyo que fluye entre dos orillas blancas
El murmullo de su caída
y la desesperanza de su continuo descender
de su esforzado caer persistente
Azote de los lirios
quijada oblicua en el son
sin temple para el lamento
su posteridad, su bruma ácida
sin temblor de viento en las orejeras
Ven caricia de hielo
escómbrate en el rincón
que no quede rastro de tu huella
imprecisa
ninguna marca de tu concreta realidad
ningún objeto que recuerde tu paso
tu derretida ausencia
La nieve molida entre las ruedas de hierro
El paso de un vagón a otro
su traqueteo inmóvil
El hierro caliente en el costado
Afuera los pueblos que pasan rápido por los ojos
Los túneles sombríos y su encierro tenebroso
Las líneas del telégrafo sobre postes que se suceden uno
tras otro en una película sin fin
El vaivén adormecedor de la cabina caliente
El espacio entre los coches con su piso articulado y el
sonido crudo de los hierros vibrantes
Los amplios ventanales abiertos al paisaje
pero cerrados al aire de nuestra respiración
Cómo describir el acerado chirriar de las ruedas sobre las vías
fierro contra fierro y el temblor
de la gran estructura que amenaza
con deshacerse a cada nuevo salto
Invierno de la sal contaminada
Luna de hielo sobre los techos blancos
y por debajo de la sábana alba
La vida latiendo con su encapsulado corazón
Los nuevos brotes de la hierba ateridos por
los bloques glaseados
El resplandor sin bosque
para la tenue luz
Agua inmovilizada
influente
Fijo perfil del agua concreta
sólida
Sublimación de piedra solar
Encono de la nieve aplastando
al insecto que se encorva
contra la rugosa piedra
Furia de la nieve
que masca la luz del sol herbóreo
con impasibilidad rumiante
La vaca nieve negra y blanca
pastando luz y tiempo
en el día sin horas
La nieve cuatro estómagos
de miel cuajada
Blanco, blanca, blanco
residual ionizada
Blanca, blanca, blanco
Todo ciego el resplandor de lluvia
para la ropa térmica
Los bigotes
Las barbas entumecidas
en el vapor concreto
respiración condensada
para el pulmón, vejiga
hinchando el pecho, filtrando
el mundo, tabla de los silencios
fístula y torcido alfiler
Blanca, blanca, blanco
Rosabetty Muñoz
* * *
Dejé mi cuerpo detrás de mí.
Eso quería decir: lo abandoné.
De pronto, cada uno de los huesos habla
se despide.
Un parloteo orgánico inesperado
de esta máquina prodigiosa
con sus tumores y cicatrices
Pero no es de dolencias:
quiero hablar de las manzanas
su gracia redonda
su modo de caer
madura y alegre sobre el pasto
BASURA
Ahora tenemos aquí
una bolsa negra que contiene un niño.
Sabemos que sufrió.
Que se retorcía.
Que se le pegaba el nailon
en la abertura de la boca.
No alcanzó a reír.
No alcanzó a colgar
de la ternura de un pezón.
BOCA DE RÍO
Ay del cuerpo abierto en canal
despojado de su niño
en operación de urgencia
(sobre la mesa de la cocina).
Ay de la que se entierra un palillo
o un tallo de apio o una rama de espino.
Ay de la que se toma una taza de cloro.
Ay de la que se acuesta boca abajo
mientras su amiga le salta encima.
Ay de la boca de río que la contiene
y de esa agua ya para siempre turbia.
Aquel cuyo espanto le obliga a volver la vista
habrá de inclinarse y anegar sus ojos
ante la niña de vientre hinchado.
Habrá de dolerse.
Ahora no es tiempo de amarrar la lengua.
NO SE CRÍAN HIJOS PARA VERLOS MORIR
Cuando el mar se llevó a sus tres hijos
ella estaba acodada en la media puerta
de su casa, pensando en ollas aladas
y repletas. De pronto cayó en un vacío
del que surgió vieja y encorvada. No
necesitó entrar para vestirse de negro.
Ya estaba recogiendo flores cuando
salió su hombre con la radio en la
mano, desamparado y tembloroso.
Ella es una sábana flotando sobre nosotros.
Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.
Desde su vientre deshabitado
los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.
La ansiedad es un arrecife
donde acerados corales hieren los cuerpos amados.
Sin hijos bajo sus ojos
quisiéramos las madres
ofrecerle un trozo de pañal
para vendar sus muñones o un arca
donde recoger los alados restos.
Raúl Zurita
* * *
Y te amaré de nuevo. Y desde nuestras pupilas
muertas se abrirán los cielos y los cielos
abriéndose nos mostrarán para abajo las cordilleras
y verás un país de volcanes ascender igual que un
mar hasta los cráteres de tus ojos. Y me mirarás, y
me mirarás de nuevo, y tus ojos mirándome verán
la lava de los volcanes y los volcanes ascendiendo
te tocarán las pupilas y los cráteres de mis pupilas
volverán a tocar las tuyas. Y las carnes que fuimos
nos cubrirán de nuevo como de lava viva las
montañas porque se abrió un camino en. Las
soledades y fue ven.
Y te amaré de nuevo.
Y te amaré de nuevo y te diré ven. Y tú me
amarás de nuevo y me dirás ven. Y el cielo
abriéndose nos dirá ven que igual que lavas rojas
cubriendo las montañas nuestras carnes nos
cubrirán de nuevo los nevados huesos de todo Los
Andes y te amaré de nuevo y será ven.